SOBRE NOSOTROS

Nuestra historia

Antes de comenzar con la historia del club, conviene hacer una breve mención sobre nuestro pueblo, Rentería o Errentería (en euskera), cuyo nombre sustituyo al antiguo "Villanueva de Oiarso" en 1491 y éste anteriormente al de "Orereta", en 1320. Desde 1998 la denominación oficial del pueblo es Errentería, aunque en castellano sigue siendo Rentería. Muchos vecinos de la localidad se refieren al pueblo con el nombre de Orereta, el nombre más antiguo conocido y que da nombre a una calle del pueblo, a colegios, bares, etc. Esta villa tiene una población de en torno a 40.000 habitantes y está dividido en 16 barrios; haré una especial mención a los barrios de Alaberga, con alrededor de 3.100 habitantes, y el barrio de Beraun con unos 5.500 habitantes, cuna de la historia del Beti Ona K.E y su desarrollo pasado y presente.

El Beti ona K.E se fundó en el año 1970 en el barrio de Alaberga, donde actualmente reside la sede de la entidad. En origen, el club fue formado por 3 personas del barrio y tomó la denominación de CD. Alaberga con Esteban Orbegozo de Presidente y Narciso Learte y Miguel Jaurrieta como promotores del nuevo proyecto. Unos años más tarde Miguel Jaurrieta impulsaría un nuevo nombre, el de Beti Ona K.E, en referencia al negocio familiar, y financiaría durante los siguientes años los gastos generados por la actividad del club. En estos primeros años de existencia del Beti Ona K.E, había otros 5 o 6 clubs en la localidad, siendo los más potentes en categorías el Unión Txiki y el propio Beti Ona, que se hizo con un sitio en lo más alto rápidamente. Ya en la época de los 80, la categoría senior del club tomó un protagonismo fundamental y se consagró como uno de los clubes más potentes de Oarsoaldea y Donostialdea. Una década más tarde, en los años 90, el club experimentó varios cambios: los principales fueron la creación de un equipo femenino, pionero en la zona, y la fusión con el C.D Telleri, club vecino del barrio.

Estos cambios modificaron sustancialmente la estructura del club y se impulsó el futbol femenino y el futbol base: las categorías inferiores pasaron a denominarse y a jugar bajo el nombre de Telleri – Corazonistas y, a partir de infantiles, con el de Beti Ona K.E. Fueron los años de mayor esplendor del club, donde todos sus equipos gozaban de gran prestigio y un nivel deportivo alto. Se consiguieron entonces los tres ascensos seguidos en el equipo senior bajo la presidencia de Rafa Artola y de Alfonso Jaurrieta como entrenador del primer equipo, y rozaron un ascenso a Tercera División, que se escapó en la última jornada.

A finales de siglo, el ayuntamiento de Errentería, en conversaciones con el Patronato Municipal de Deportes y bajo la excusa de potenciar y unificar las fuerzas de los equipos del pueblo, propuso un sistema al que denominaron "la pirámide", e instaban a todos los clubes a trabajar en una misma estructura para un club ajeno, con el objetivo de conseguir la categoría de Tercera División para la villa y dotar de "más brío" al club matriz. Pretendían así, atraer a jugadores externos con más facilidad y dotar de una cantera más numerosa que suministrara jugadores a aquella entidad. Este momento marcó un punto de inflexión para el Beti Ona, que se negó a participar en una estructura que consideraba injusta, perjudicial para sus intereses, para la supervivencia del club y peligrosa para mantener el prestigio y el estatus social de que disponía. Fueron años difíciles para el Beti Ona, que vio dificultada su actividad desde la negación a participar en "la pirámide".

Todos los clubes existentes en el pueblo que integraron ese proyecto en aquel momento terminaron desapareciendo y, con ellos, su identidad y su historia. El Beti Ona K.E sobrevivió, pero la estructura formativa quedó seriamente dañada. El club tenía dificultades para encontrar un emplazamiento para realizar sus entrenamientos para el primer equipo, y los recursos humanos y económicos escaseaban. El equipo senior se convirtió entonces en salvavidas fundamental en aquel periodo, que llegó a entrenar en la Alameda de Errentería ante la imposibilidad de encontrar lugar de entrenamiento.

Un cambio de gobierno a inicios de los años 2000 en el Consistorio del pueblo encendió una luz de esperanza para el club que presidía en ese momento Miguel Jaurrieta. El concejal de deportes de aquel nuevo gobierno propuso el actual estadio Mikel Odriozola para llevar a cabo la actividad deportiva del Beti Ona K.E, que fue recuperando poco a poco su futbol base y sus categorías inferiores. También consiguió recuperar el equipo femenino, estableciendo unas bases para lo que sería el Beti Ona del futuro.

En referencia a la historia más reciente, el Beti Ona ha visto impulsado su rendimiento deportivo hasta conseguir las categorías de Cadete de Honor y Juvenil de Honor, aunque ha experimentado altibajos con los cambios en la estructura. El futbol base goza de un momento muy bueno, y el arraigo al barrio y a sus familias vuelve a ser el motor que impulsa a la entidad a seguir creciendo. Se proyecta hacia el futuro sin olvidar que tres vecinos, Esteban, Narciso y Miguel, imaginaron un espacio en el que el fútbol sirviera como vínculo y unión entre su gente, donde cada partido fuera un punto de encuentro para el barrio. Sin más pretensión que esa ilusión compartida, dieron forma a un club, el Beti Ona K.E., que hoy sigue avanzando con paso firme, apoyado en una estructura sólida y con mucha, mucha ilusión.

A lo largo de su historia, el Beti-Ona ha pasado por diferentes etapas, incluyendo momentos de éxito en competiciones regionales y la consolidación de su estructura formativa. Con la creación de equipos en categorías que abarcan desde benjamines hasta regionales, ha logrado establecer un sólido programa de desarrollo para jóvenes futbolistas. Muchos de los jugadores talentosos del Beti-Ona han ascendido a ligas más altas y continúan sus carreras en el mundo del fútbol. Además, el club ha mantenido un fuerte vínculo con la comunidad de Errenteria, organizando eventos y actividades que fortalecen la conexión entre el club y sus seguidores. A través de los años, el Beti-Ona se ha convertido en un referente no solo en el ámbito deportivo, sino también en la promoción de valores comunitarios, contribuyendo al desarrollo integral de sus jugadores y a la vida social de la localidad.